Historia de los jesuitas en la Rusia Blanca

La presencia de la Compañía de Jesús en la Rusia Blanca (Bielorrusia) es un capítulo singular de la historia europea, marcado por expulsiones, supresión pontificia, refugio en territorios extranjeros y una larga sombra de controversia y conspiración alrededor de la figura jesuítica. A partir del siglo XVIII la trayectoria de los jesuitas sufrió virajes dramáticos: desde la persecución y expulsión en varios reinos europeos hasta la sorprendente supervivencia institucional en el Imperio ruso bajo la protección de soberanos que, por distintas razones, mantuvieron la orden en su territorio.

Contexto de la crisis: despotismo ilustrado y regalismo

La cultura política dominante era el despotismo ilustrado, potenciado por el regalismo, al que se oponían fuertemente los jesuitas, una orden muy activa e influyente social y políticamente, aunque no tanto como para evitar el desastre. Era muy estimada, pero también tenía poderosos enemigos.

El principio del fin fue el tratado de Madrid o de Límites (1750), por el que España y Portugal intercambiaban zonas ocupadas en la parte contraria, en Sudamérica, y exponía a los indígenas a la posibilidad de la esclavitud puesto que un grupo de 7 misiones guaranís pasaban a Portugal. Los jesuitas se opusieron, y, a partir de 1755 fueron presos y deportados a Portugal, de donde, muchos de ellos, fueron expulsados, otros encarcelados, en 1759, acusados de tramar un atentado fallido contra el rey.

En España se esgrimió oficialmente una falsa razón de Estado, la participación en los motines contra el ministro Esquilache de 1766. El 2 de abril de 1767, Carlos III, por razones “urgentes, justas y necesarias, que reservo en mi Real ánimo…”, condenaba a los jesuitas a la gravísima pena del extrañamiento (pérdida de la nacionalidad), que conllevaba la expulsión de todos sus territorios y la ocupación de sus bienes. Fueron expulsados algo más de 5.000 religiosos.

La supresión papal y sus efectos

La muerte del papa Clemente XIII y la elección de Clemente XIV, influido por la diplomacia española, condujeron a la supresión de la orden. Así el 21 de julio de 1773 el pontífice firmó el breve Dominus ac Redemptor donde... declaraba: suprimimos, y extinguimos la sobredicha Compañía, abolimos, y anulamos todos y cada uno de sus oficios, ministerios, y empleos, Casas […]. [...] las presentes Letras ni puedan ser impugnadas, invalidadas, ó revocadas.

Había casi 23.000 jesuitas. El breve fue intimado a las casas de Roma, y el P. General Lorenzo Ricci, al igual que sus consejeros, fue detenido en el colegio inglés y después en el Castel Sant’Angelo, en la zona más noble de la prisión, pero en condiciones de aislamiento. Los consejeros fueron liberados, pero él murió después de confesar su inocencia, el 24 de noviembre de 1775.

Se ofreció a los ex jesuitas pasar a otras órdenes religiosas, pero la mayoría permaneció como sacerdotes seculares, sin vida comunitaria y sin sotana jesuita. Se sintieron víctimas de una persecución contra la Iglesia y la sublimaron identificándose con Jesús en su pasión, por lo que se ilusionaban con presuntas profecías sobre el fin de sus calamidades. No podían acceder fácilmente a los ministerios sacerdotales y se dedicaron a fomentar la cultura, la investigación y la literatura.

La Rusia Blanca como refugio

Curiosamente, no había jesuitas en Rusia antes de 1772, pero en 1772 Rusia se anexionó la Rusia Blanca o Bielorrusia, donde trabajaban 201 jesuitas. CARLOS III. El 11 de julio de 1779 el obispo de Mallo (Moguilev) Siestrzencewicz, en la Rusia Blanca (Bielorusia), concedió licencia para abrir en la ciudad de Polock un noviciado jesuita, lo que aseguraba el futuro de la Compañía de Jesús en el Imperio ruso bajo la protección de la zarina Catalina II.

De estas cenizas, como el Ave Fénix, cuando cambiaron los tiempos y las personas, renació la Compañía. Fue el papa Pío VII que, después de haber reconocido la supervivencia en Rusia, restauró parcialmente la Compañía en las Dos Sicilias, y la universalizó por la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum del 7 agosto 1814.

Mapa histórico de la Rusia Blanca y las ciudades con presencia jesuita (Polock, Moguilev)

Activismo y actividad cultural tras la supresión

Se dedicaron a fomentar la cultura, la investigación y la literatura. La Compañía fue suprimida, pero no extinguida. Así, la Compañía de Jesús, hostigada por los reyes que ostentaban los títulos de católico (español), fidelísimo (portugués) y cristianísimo (francés), fue protegida por un soberano protestante y una zarina ortodoxa, ambos, de vida privada con dudosa reputación, amparados en el mismo absolutismo regalista que los otros.

Percepción rusa: mito de la conspiración jesuítica

"La maquinación jesuita" aparece de manera recurrente bajo plumas rusas desde finales del siglo XVI, hasta nuestros días. En cada una de las grandes crisis históricas, el tema del complot tramado por los jesuitas se manifiesta: la embajada del jesuita italiano Antonio Possevino, en tiempos de Iván el Terrible; la Unión de Brest en 1596 y el surgimiento de los grecocatólicos, denunciados como "uniatas"; en el Tiempo de los Disturbios con los "falsos Dimitri" y la presencia de los polacos en Moscú hasta 1613; la existencia de la Compañía de Jesús en el imperio de Catalina la Grande, Pablo y Alejandro I, cuando Roma la había suprimido; el paso de rusos ortodoxos al "latinismo".

En 1888, se podía leer en el Tserkovnyi Viestnik (El mensajero eclesiástico) un artículo firmado A. K. e intitulado "Novaia jezuitskaya machinatzia", "Una nueva maquinación jesuita" (1888-14, col. 277-280). Denunciaba a Basil Livantsky, pseudónimo con el cual no se disimulaba muy bien el ruso católico Mijail Zherebtsov, autor de un libro publicado en el mismo año.

En 1926 o 1927, la religiosa rusa y grecocatólica Catalina Abrikosova, destinada a morir en la cárcel de Butyrki (Moscú) en 1936, escribía: "¿Se darán cuenta en Roma del espanto y de la repulsión que se siente aquí por los jesuitas? Es algo inexplicable, algo como un pánico. Su venida a Rusia será siempre considerada como un gigantesco complot católico. Hay que entender la psicología de la actitud rusa frente a los jesuitas".

El catolicismo como "fe polaca" y la tensión identitaria

En 1907, el católico francés Joseph Wilbois, instalado en Rusia, señalaba: "No olviden nunca que se ve al catolicismo romano como la religión polaca. Resulta que los polacos están más alejados de los rusos que los franceses de los alemanes, y la estatua de Minin y Pozharski sobre la Plaza Roja parece defender a Moscú contra las tropas enemigos y la fe extranjera". Por lo mismo, que Roma mande jesuitas polacos a Rusia le parece una aberración.

Para los rusos que designan al catolicismo como la "fe polaca", ser ruso es ser ortodoxo; sin embargo, en la nobleza, a lo largo del siglo XIX, se dan casos, ilegales por cierto, de paso de la Iglesia ortodoxa a la romana. La presencia de los jesuitas hasta 1820, los "chers coquins" de Catalina la Grande, la llegada de franceses huyendo de la Revolución contribuyen a lo que, si bien no es estadísticamente importante, no se olvida ni se perdona.

Conversos y figuras clave: Iván Gagarin y la polémica cultural

El príncipe Iván Serguievich Gagarin, sacerdote y jesuita, ejemplifica la tensión entre ortodoxia y catolicismo en el siglo XIX. Su entrada con los jesuitas causó tremenda indignación en Rusia. Fue ordenado sacerdote en 1848, bajo el nombre de Jean-Xavier Gagarin. En 1856, fundó, con sus compatriotas Iván M. Martynov S. J. y Evguenii Balabin S. J., la revista Etudes; en 1858 creó la "Obra Cirilo y Metodio" para lanzar puentes entre ortodoxos y católicos.

Su conversión provocó reacciones encontradas: algunos lo vieron como traición a la nación y a la ortodoxia; otros, como un puente intelectual entre tradiciones religiosas. "Doble traición, a Rusia y a la verdadera Iglesia", dijeron sus detractores. Gagarin y otros conversos sufrieron penas civiles como la privación de la nacionalidad rusa y de todos sus derechos cívicos.

El imaginario literario: Dostoyevski y la “conjura católica”

La literatura rusa contribuyó poderosamente a la construcción del mito jesuítico. Dostoyevski, en obras y artículos, desarrolla la idea de una "conjura católica" que amenaza la esencia de Rusia y de su cristianismo ortodoxo. En octubre de 1873, en el Diario de un escritor, Dostoyevski anuncia que "Roma va a entender que ha llegado el momento de acabar con los grandes de este mundo [...] el Papa sabrá salir al encuentro del pueblo, a pie y descalzo, pobre y desnudo, con su ejército de veinte mil jesuitas duchos para cautivar las almas".

Para Dostoyevski, el catolicismo romano representa una alternativa peligrosa que "vende a Cristo por los bienes terrenos" y restituye una idea imperial del poder temporal papal. A sus ojos, los conversos al catolicismo, comandados en ocasiones por jesuitas, realizan "una monstruosidad imperdonable" y dejan de ser auténticamente rusos.

Siglos XIX-XX: activismo, persecuciones y persistencia

El activismo jesuítico en Rusia y luego en la URSS generó esperanzas diversas en Roma sobre la posible apertura de la Ortodoxia; estas expectativas se manifestaron entre 1917 y 1929 y volvieron con menos ilusión a partir de 1989. Sin embargo, la presencia jesuítica también alimentó temores y represalias.

En la Rusia de finales del siglo XIX y principios del XX, la acusación de "maquinación jesuita" se integró en discursos políticos y eclesiásticos que describían a los misioneros latinos como agentes de influencia más preocupados por desviar a ortodoxos que por evangelizar a musulmanes o turcos. Esa percepción explica en buena medida la desconfianza hacia la presencia católica y, en particular, hacia los jesuitas.

Retrato histórico de Iván Gagarin y portada de la revista Etudes

Restauración y legado

De la persecución y supresión surgió una nueva fase: la Compañía de Jesús renació en el siglo XIX y fue finalmente restaurada por bula en 1814. Fue el papa Pío VII que, después de haber reconocido la supervivencia en Rusia, restauró parcialmente la Compañía en las Dos Sicilias, y la universalizó por la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum del 7 agosto 1814.

La región de la Rusia Blanca, con su noviciado en Polock y la protección que ofreció el imperio ruso en determinados momentos, contribuyó a la continuidad institucional y cultural de los jesuitas en Europa oriental. A largo plazo, exjesuitas y comunidades vinculadas a la orden influyeron en la formación cultural, educativa y académica de la región, pese a las continuas sospechas y a la polémica nacional-religiosa.

Tabla: hitos principales relacionados con los jesuitas en la Rusia Blanca

  • 1772: Anexión de la Rusia Blanca por el Imperio ruso; en la región trabajaban 201 jesuitas.
  • 1773: Breve Dominus ac Redemptor, supresión de la Compañía por Clemente XIV.
  • 11 de julio de 1779: Licencia para abrir un noviciado jesuita en Polock (Moguilev), garantizando la supervivencia en el Imperio ruso.
  • 1814: Bula Sollicitudo omnium ecclesiarum de Pío VII, restauración universal de la Compañía de Jesús.
  • Siglos XIX-XX: Persistencia de sospechas y publicaciones contra la “maquinación jesuita”; conversos notables como Iván Gagarin.

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Reflexión final sobre memoria e identidad

La historia de los jesuitas en la Rusia Blanca reúne episodios de expulsión, protección inesperada, renovación institucional y un legado cultural lleno de contradicciones. Más allá de conspiraciones y mitos, la presencia jesuítica dejó huellas concretas en la educación, la prensa y la vida intelectual, pero también alimentó debates sobre identidad nacional y religiosa que atravesaron el siglo XIX y parte del XX.

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