Historia de las misiones jesuitas en Cartagena de Indias en el siglo XVII

La llegada y establecimiento de la Compañía de Jesús en Cartagena de Indias a finales del siglo XVI y durante el siglo XVII marcaron una etapa decisiva en la vida religiosa, educativa y social de la ciudad portuaria. La presencia jesuita no solo implicó la fundación de instituciones educativas y religiosas, sino también la participación activa en la atención de poblaciones vulnerables, en especial de las personas llegadas de África en condiciones de esclavitud.

Fundación y emplazamiento del Colegio de la Compañía

Con la llegada de los Jesuitas a Cartagena de Indias a finales del siglo XVI, el 25 de octubre de 1603, el rey Felipe III, mediante la Real Cédula, concedió establecer el Colegio de la Compañía de Jesús en la ciudad. La primera Casa de los jesuitas en Cartagena, sede del Colegio de la Compañía hacia el año 1604, estaba situada en la antigua plaza del Muelle, actualmente se encuentra en la calle de la Ronda, y sirve de sede al Museo Naval.

Cuando se construyó el tramo de la muralla que cerró la ciudad por el suroeste, una parte de éste ocupó el terreno del Colegio de los Jesuitas, por lo que el gobernador don Francisco de Murga autorizó a la Compañía de Jesús para levantar su vivienda sobre la muralla, no sin que ello desencadenara un acalorado debate. La parte correspondiente al colegio de la Compañía de Jesús se conserva, aunque con algunas modificaciones. Sin embargo, actualmente se puede apreciar la pequeña torre, cuyo chapitel o remate piramidal fue sustituido por un tejado. En el centro de la casa se encuentra un formidable patio o claustro interior.

Plano histórico de la Cartagena amurallada con ubicación del Colegio de la Compañía de Jesús

Formación y perfil de los misioneros jesuitas

La Compañía había sido ideada por el español Ignacio de Loyola, quien, en su tránsito por Manresa, cerca de Barcelona, recibe una iluminación divina que, según refiere en su biografía, significó la experiencia más inspiradora de su vida. Para Loyola, además, los verdaderos espíritus misioneros debían ser élites educadas en la vanguardia académica del período, es decir, el Humanismo renacentista. Los jesuitas no fueron actores pasivos con respecto a esa vanguardia; ellos mismos comenzarían a diseñar propuestas pedagógicas que combinaran la enseñanza teológica y la ciencia.

Dado el espíritu evangelizador de la Compañía, además de los tres votos obligatorios de las órdenes mendicantes: obediencia, pobreza y castidad, los jesuitas de alto rango se comprometían a cumplir un cuarto voto, donde delegaban al papa el señalamiento del lugar y la función que ese jesuita debía cumplir. Pedro Claver haría parte del selecto grupo de aristócratas españoles educados en los colegios europeos de la Compañía.

Pedro Claver: formación y llegada a la Nueva Granada

Pedro Claver nació el 26 de junio de 1580 en Verdu, un pequeño poblado de la actual Cataluña (España), al norte de la península ibérica, y allí vivió hasta los 16 años. Desde la infancia recibió la mejor educación, pues su familia formaba parte de la aristocracia campesina del pueblo. A los 15 años recibió del obispo de Vich la primera preparación para iniciar una vida eclesiástica y fue enviado Barcelona como estudiante externo, donde realizó tres cursos de gramática y retórica.

En 1601 ingresó en el colegio jesuita de Belén, y en 1602 entró en el noviciado de Tarragona. Luego de completada esa instrucción, pasó un año en Gerona, donde realizó estudios de latín, griego y oratoria. Una vez terminados los estudios en el Noviciado de Tarragona, salió de Cataluña para unirse a los jesuitas en el Colegio de Montesion, Mallorca, donde realizó estudios eclesiásticos. Allí mantuvo una estrecha relación con el presbítero Alonso Rodríguez, portero del convento, quien gana fama de santo por suscitar la vocación evangélica en las “Indias”.

En 1610, después de recibir la educación básica, viajó a la Nueva Granada con el doble fin de terminar sus estudios y ordenarse como jesuita. Allí cumplió los estudios de teología y artes en los colegios jesuitas de Santafé y Tunja.

Contexto económico y demográfico: Cartagena y el tráfico de africanos

Pedro Claver llega en el apogeo del tráfico de personas africanas por Cartagena. Cartagena ganaba una prosperidad económica inusitada. Debido a su ubicación geográfica, en el puerto convergían los metales provenientes del interior de la Nueva Granada, de Nombre de Dios, en la Provincia de Panamá, y de Potosí, en la Provincia de Perú. Desde ahí eran conducidos a los mercados europeos. La confluencia metalífera atrajo a los tratantes de esclavos que buscaban el menor número de intermediarios para canjear personas africanas por metal. El florecimiento quedó demostrado en la designación de Cartagena como único puerto legal de la Corona española para recibir africanos en América.

En 1580, año que coincide con el nacimiento del santo, Felipe II firmaba el Acuerdo de las Dos Coronas por el cual España absorbía el reino de Portugal y que modificó profundamente el negocio de venta de personas esclavizadas, pues, desde el Tratado de Tordesillas, de 1493, ningún español había podido desembarcar en las costas africanas, mientras que ningún portugués, al menos legalmente, había podido habitar en las colonias americanas. Como arriba se mencionó, el Tratado de Tordesillas establecía que los portugueses eran los únicos transportistas legales de africanos. Ese “privilegio” estaba acompañado de la prohibición para asentarse en las colonias españolas. Evadir la segunda parte del tratado les permitía tener un negocio redondo, pues eran a la vez dueños de las minas y de los africanos que ellos mismos introducían sin intermediarios.

Aunque el número de africanos que llegaron aún es objeto de debate, ya es posible afirmar que ese período presenció la entrada de personas de la costa Atlántica de África occidental y de la región de África centro-occidental, destinadas a sustituir la mano de obra indígena. Los nativos americanos habían sido empleados de manera abusiva en la minería y habían comenzado a morir masivamente desde el comienzo de la “conquista”.

Ilustración de un barco negrero arribando a Cartagena en el siglo XVII

Acciones y labores de los jesuitas en la ciudad

Según los testimonios del proceso, Claver ganó popularidad y reconocimiento desde 1615, año de su llegada a Cartagena. Participaba en la vida del colegio de la Compañía, fundado tan solo 25 años antes de su llegada; era enfermero en los hospitales colmados de africanos que padecían diferentes epidemias; recorría calles y murallas para entregar o pedir limosnas y visitaba casas de aristócratas. Además, predicaba en barrios periféricos del puerto, especialmente en Getsemaní, sector habitado por esclavos huidos, prostitutas, marineros y contrabandistas; subía a las embarcaciones para dar la bienvenida a los africanos; participaba en juicios civiles, y era colaborador del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.

Fruto de su extensa educación en teología, filosofía y ciencia en colegios de la Compañía, el sentido que Claver daba a la “verdadera vida cristiana” tenía al menos dos inspiraciones: los razonamientos tridentinos y la literatura sugerida por los jesuitas, muchos de ellos misioneros en India y China. Esos primeros jesuitas integraban la práctica de la piedad medieval con la innovación de técnicas apostólicas y devocionales. Con este objetivo, los jesuitas mantuvieron el precepto de Imitatio Cristi -base de la práctica cristiana en la Edad Media-, así como la devoción a la Virgen y los santos, las festividades sacras, el pago de indulgencias, la realización de procesiones y peregrinaciones y la importancia del régimen sacramental.

Prácticas pastorales y devocionales

El estímulo al estudio de la tradición literaria trajo consigo la práctica de la lectura personal, la cual viabilizaba la reflexión individual en los misterios de la fe. Leer las obras de los místicos y orar en privado hasta alcanzar la contemplación posibilitó la comunicación entre Dios y el creyente sin la mediación del clero. “Siempre tenía al frente el libro impreso arriba mencionado; y esto lo veía este testigo porque el padre mantenía toda la noche la lumbre encendida en su cuarto. Este testimonio, como muchos otros, describe un hombre dedicado largas horas a la oración individual -al punto de alcanzar estados de éxtasis trascendental-, que también organiza procesiones a la Virgen, reparte medallitas sagradas y realiza misas de indulgencia.

Jesuitas, poder y orden público en Cartagena

El miedo también queda plasmado en el establecimiento de una infraestructura institucional y arquitectónica que fortaleciera el control del puerto y fuera capaz de conducir a los delincuentes a la justicia. A comienzos del siglo XVII, se decide amurallar la ciudad y organizar el ejército. También se procede a abrir el Canal del Dique para comunicar el puerto con el interior de la Nueva Granada a través del río Magdalena. En 1610, se establece el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, llegan órdenes de caballería y cofradías para velar por la catolicidad y se construyen los hospitales y conventos.

Los jesuitas participaron en esta trama institucional mediante la educación, la asistencia social y la intervención en la vida cotidiana: colegios, hospitales y misiones ciudadanas donde su influencia formativa y moral tuvo alcance tanto entre los indígenas como entre los africanos y la población criolla.

Patrimonio y huella arquitectónica

La parte correspondiente al colegio de la Compañía de Jesús se conserva, aunque con algunas modificaciones. En el centro de la casa se encuentra un formidable patio o claustro interior. Actualmente la primera Casa de los jesuitas, sede del Colegio hacia 1604, sirve de sede al Museo Naval y se reconoce en la calle de la Ronda. La pequeña torre, cuyo chapitel o remate piramidal fue sustituido por un tejado, aún permite apreciar la huella arquitectónica jesuita en la trama amurallada.

Fotografía del claustro del antiguo Colegio de la Compañía (actual Museo Naval / San Pedro Claver)

Impacto social: atención a los africanos y labor caritativa

La llegada masiva de africanos y las condiciones de los viajes forzosos hicieron que la labor hospitalaria y de asistencia fuera una prioridad. Claver era enfermero en los hospitales colmados de africanos que padecían diferentes epidemias; recorría calles y murallas para entregar o pedir limosnas y visitaba casas de aristócratas. Subía a las embarcaciones para dar la bienvenida a los africanos y predicaba en barrios periféricos habitados por esclavos huidos y poblaciones marginales. Esa praxis configuró una presencia jesuita profundamente social y humanitaria, cuyo componente espiritual venía acompañado de acciones concretas de cuidado y educación.

Tabla: Principales ámbitos de acción de los jesuitas en Cartagena (siglo XVII)

  • Educación: fundación del Colegio de la Compañía, enseñanza de teología, artes y humanidades.
  • Asistencia sanitaria: atención en hospitales, cuidados a los recién llegados africanos.
  • Misión pastoral: predicación en barrios periféricos y en embarcaciones.
  • Intervención institucional: colaboración con tribunales eclesiásticos y participación en la vida pública.
  • Vida devocional: organización de procesiones, misas, ejercicio de la Imitatio Cristi y devoción mariana.

Continuidad y memoria

La influencia jesuita perduró más allá del siglo XVII a través del patrimonio arquitectónico, la regulación religiosa y la memoria de figuras como Pedro Claver, cuya fama comenzó a consolidarse desde 1615 y culminó con su canonización siglos después. Hoy, lugares como el Santuario Museo San Pedro Claver -instalado en el contexto de la presencia jesuita- siguen siendo nodos de memoria y difusión de la historia de la Compañía en Cartagena.

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