Desde hace más de dos siglos, los vampiros han encarnado las historias más inquietantes de la literatura y el cine, convirtiéndose en figuras emblemáticas del terror clásico. Pese a lo que suele creerse, el mito del vampiro no es sólo una invención literaria confinada a las páginas escritas por los torturados románticos de los siglos XVIII y XIX. Por el contrario, se trata de una figura del mundo sobrenatural que ha dejado su huella en el folclore de diversas culturas desde tiempos inmemoriales.
Origen y presencia global del mito vampírico
Sin embargo, rastrear el origen primigenio de esta creencia resulta una tarea casi imposible, ya que el mito ha evolucionado y se ha transformado a lo largo de los siglos, alejándose mucho de sus primeras manifestaciones para convertirse en lo que hoy conocemos. Algunos estudiosos del folclore vampírico han rastreado los orígenes más antiguos de los modernos chupasangres en los intrincados mitos de la Mesopotamia ancestral. La tradición hebrea también recoge creencias similares. Lilith, descrita en algunos textos rabínicos como la primera mujer de Adán, fue condenada por Yahvé a convertirse en un demonio volador que se alimentaba de sangre.
El mundo griego no fue menos imaginativo. Entre sus leyendas encontramos a la empusa, un ser con la inquietante habilidad de cambiar de forma, adoptando la apariencia de animales o de una mujer seductora. Atacaba a los hombres en sus sueños, drenándolos de sangre hasta causarles la muerte. Según las antiguas leyendas, Lamia, logró seducir a Zeus, dando a luz a varios hijos fruto de su unión divina. Uno de los relatos más fascinantes sobre Lamia o sus equivalentes aparece en la Vida de Apolonio de Tiana, escrita por Filóstrato.
Con el paso de los siglos, encontramos un pariente del vampiro en el folclore islámico: el Gul, una figura surgida de los relatos sobre los djinns o jinnas, genios con habilidades y poderes sobrenaturales. Este ser, de naturaleza femenina y maligna, habitaba camposantos y, al igual que las lamias y las empusas, poseía la inquietante capacidad de cambiar de forma. El Gul empleaba su astucia y sus encantos para embelesar a sus víctimas, alimentándose de la sangre de niños y adultos incautos.
Más allá de las creencias vinculadas al mito del vampiro en Europa y Oriente Próximo, el temor a los chupasangres ha dejado su huella en prácticamente todos los continentes. En China, ya en el siglo VII antes de nuestra era, se creía que el cadáver de un fallecido podía convertirse en un demonio aterrador si su alma se negaba a abandonar el cuerpo. En África, la etnia ashanti temía al asanbosam, mientras que entre los Ewe persistía el miedo a los adze, criaturas que podían cambiar de forma y se alimentaban de la sangre de los niños. El Caribe y ciertas regiones de los Estados Unidos, como Luisiana, albergaron su propia versión de estos mitos con el soucouyant o loogaroo. En México, entre algunas comunidades indígenas, aún se preserva la creencia en las brujas bebedoras de sangre.
De la superstición histórica al pánico documentado
En el mundo cristiano medieval, los ecos de criaturas vampíricas también eran notorios. El cronista Walter Map, en su obra De Nugis Curialium del siglo XII, hace referencia a los revenants o revinientes, que se dice vagaban en Inglaterra, Hungría y otras regiones de Europa. Desde finales del siglo XVII, y de manera más pronunciada en la centuria siguiente, regiones como Polonia, Prusia, Hungría, Moravia, Rumanía y Grecia se vieron sumidas en un terror indescriptible. La histeria colectiva alcanzó tal magnitud que los vampiros, denominados así por primera vez, dejaron de ser simples criaturas del folclore para irrumpir en los registros históricos.
Las tumbas de los sospechosos de vampirismo eran abiertas, y los testimonios afirmaban encontrar cadáveres en condiciones inquietantemente intactas, a pesar de haber muerto meses atrás. Una vez identificado el revenant, no había tiempo que perder. Se le atravesaba el pecho con una estaca, asegurándose de inmovilizarlo, se le introducía una piedra en la boca o se le decapitaba para impedir cualquier posibilidad de retorno. Las llamadas ‘epidemias vampíricas’, que coincidieron en tiempo y lugar con mortíferas plagas, dejan entrever con claridad que el verdadero origen de aquellos sucesos se hallaba en las enfermedades que asolaban a la población. En 1748, el padre Agustin Calmet publicó su Tratado de las apariciones de los espíritus y de los vampiros o revinientes de Hungría, una obra que recopilaba con detalle los relatos de estos inquietantes episodios. De manera similar, en España, el también religioso y ensayista Benito Jerónimo Feijoo abordó el tema en las Cartas eruditas y curiosas (1774), con un capítulo titulado De vampiros y brucolacos.
Del folclore a la literatura: nacimiento del vampiro moderno
En esas décadas, y a lo largo del siglo siguiente, comenzaron a surgir los primeros relatos literarios que moldearían la figura moderna del vampiro. Fue en estas décadas de paranoia cuando se cimentaron muchos de los elementos que posteriormente definirían al vampiro en la literatura y el cine. Desde las sombras góticas del expresionismo alemán hasta nuestros días, el mito del vampiro ha trazado una senda tan tenebrosa como cautivadora en el imaginario cinematográfico y literario. Películas como ‘Nosferatu’, tanto la original de F. W.

La película Nosferatu de 1922, dirigida por F. W. Murnau, es una obra maestra del expresionismo alemán que influyó profundamente en el cine de terror clásico. Desde las sombras góticas del expresionismo alemán hasta nuestros días, el mito del vampiro ha trazado una senda tan tenebrosa como cautivadora en el imaginario cinematográfico y literario. Como una presencia inmortal que se niega a desaparecer, Nosferatu emerge una vez más de su cripta fílmica.
Con Nosferatu, Eggers acomete la compleja tarea de reinventar uno de los pilares fundamentales del cine de terror. En esta nueva incursión al mito, la antigua sangre fluye por venas modernas mientras Eggers nos guía por los pasadizos crujientes del castillo del conde Orlok, en una travesía que promete honrar la esencia original mientras seduce tanto a nuevos devotos como a veteranos conocedores del género. Este renacimiento no solo nos invita a contemplar el eterno retorno de los no-muertos, sino que nos impulsa a escudriñar las sombras perpetuas que el vampirismo proyecta sobre nuestra psique colectiva.
Vampiros y cine
Características del vampiro literario: dientes, mordeduras y transformación
Los dientes blancos y afilados de los no-muertos constituyen un elemento recurrente a lo largo de toda la novela. Se trata del rasgo más característico de los vampiros, y simboliza su necesidad de alimentarse de la sangre de los vivos. Desde el capítulo 1, Jonathan repara primero en los dientes del cochero (que no es otro que Drácula) y luego en los del Conde. Las tres mujeres vampiro que asaltan a Jonathan en el castillo también poseen los mismos dientes prominentes: "Las tres mujeres tenían dientes blancos que relucían como perlas sobre los rubíes de sus labios carnosos".
La imagen de los dientes se carga de la sensualidad propia de los vampiros, algo que también se verá en la descripción de Lucy. A medida que Lucy se va transformando, los dientes afilados aparecen como una marca del cambio: "La boca entreabierta dejaba ver las encías sin color, retraídas de los dientes, que se veían más largos y afilados de lo normal", y nuevamente, cuando yace en su lecho de muerte, Seward remarca: "los colmillos estaban más largos que el resto".
Las mordeduras del vampiro son una señal en los cuerpos de sus víctimas que muy pocos saben interpretar. Mina las encuentra en Lucy y piensa que son una herida que ella misma le ha hecho accidentalmente, al ajustar un chal sobre su cuello. El Dr. Seward no sabe qué pensar de ellas cuando las ve en Lucy, y solo Van Helsing es capaz de comprenderlas, aunque no comparte su información con el resto del grupo hasta avanzada la novela.
Instrumentos de protección y rituales: crucifijo, hostia y ajo
El crucifijo es un símbolo cristiano de la muerte y la resurrección de Jesucristo. Como tal, ejerce un poder particular sobre Drácula: el vampiro retrocede ante su presencia, y no puede traspasar un sitio protegido por el símbolo de la cruz. Desde el inicio de la novela, el crucifijo es el amuleto más utilizado para repeler al vampiro. En Bistritz, la mujer del dueño del hotel le entrega uno a Jonathan y le hace prometer que no se lo quitará en el castillo.
Para las religiones cristianas, la hostia consagrada simboliza el cuerpo de Cristo, el dios que se hizo carne y dio su vida para la salvación de la humanidad. La hostia consagrada es el elemento que más utiliza Van Helsing en su lucha contra los no-muertos. En primer lugar, utiliza una hostia para sellar con ella la entrada al mausoleo de Lucy y dejar así a la vampiresa fuera. Más adelante, el viejo profesor coloca hostias consagradas para esterilizar la tierra sagrada que Drácula necesita para descansar. Esto lo hace incluso con las tumbas del propio castillo del Conde.
Las flores de ajo son un motivo recurrente en la novela. Por alguna razón que no se explica, tienen la propiedad de repeler la presencia del vampiro. Por eso, Van Helsing hace traer coronas de estas flores desde Holanda y protege con ellas la habitación de Lucy. Más tarde, cuando destruyen a Lucy en su forma de no-muerta, Van Helsing le corta la cabeza y le llena la boca de flores de ajo. Años después, procedieron a dejar de utilizar los ajos para empezar a utilizar sus flores, que fue una tendencia que nació en 1879 con Drácula.
El ajo más allá del mito: historia y poder apotropaico
El cultivo de ajo se remonta, al menos, a unos cuatro milenios, tanto en el Reino Antiguo en Egipto como en el Imperio paleobabilónico. En Egipto, el uso del ajo se atestigua en el papiro Ebers, de c. remedio médico. cantidades porque se creía que proporcionaban fuerza y resistencia. Según Herodoto, existía una inscripción en la pirámide de Keops, que no se ha conservado, sobre el presupuesto para la alimentación de los trabajadores que incluía gran cantidad de ajos.
En Egipto, las cebollas y ajos se usaron en el embalsamamiento, con las primeras situadas en las cavidades corporales. Aunque esto podría haber estimulado la respiración del difunto en la otra vida, en la práctica habría intentado evitar que las momias fueran consumidas por los animales carroñeros, como perros y chacales. A través de Egipto, el ajo llegó a los griegos, donde siguió siendo un producto en el límite entre los alimentos y los fármacos. Hipócrates compartía su recomendación para respirar mejor y aumentar el flujo de orina. Para Dioscórides, limpiaba las arterias, pues entonces se creía que transportaban aire.
Por entonces, el poder mágico del ajo ya estaba presente. En los santuarios de Hécate en los cruces se colocaban platos con ajo. En la Odisea, pudo ser este alimento el que evitó que su protagonista fuera convertido en cerdo por el hechizo de Circe. Esta repulsión contra los malos espíritus se muestra en los murales de Pompeya. Además, es importante señalar que Titinio ya indicaba su uso para proteger a los niños de la estrige, una bruja nocturna y hemófaga.
Una constante es que el objetivo principal a proteger con los ajos son los niños, sea de seres malignos o de enfermedades. En los Balcanes, los ajos protegían y detectaban a las brujas, incapaces de consumirlos por su olor. No obstante, podían ser descubiertas porque los solicitaban al plantarse o cosecharse. En días como Nochebuena y Navidad, cuando se creía que los espíritus de los difuntos, como Jesucristo, estaban más activos, se comían y se frotaba el cuerpo con ajo. Toda protección era poca, combinándose con fórmulas mágicas, como conjuros que invocaban su aritmomanía, obligándolas a contar todas las hojas de los árboles y la hierba o las estrellas antes de comerse al niño.
En Persia, durante la Edad Media, los seres sobrenaturales eran alejados por el olor del ajo, las cebollas y asafétidas, colocándose sobre las puertas o bajo las almohadas de los niños para protegerlos del mal de ojo. Desde aquí hasta el Mediterráneo, se combinaba en fumigaciones con el incienso, la cebolla, la sal y el alumbre para proteger a los niños o intentar restaurar su salud. En Inglaterra, el ajo se usaba similarmente para proteger a los niños de las hadas, usando cruces, agua bendita, la Biblia y objetos de hierro, como tijeras, clavos y cuchillos.
En definitiva, el efecto apotropaico del ajo precedía a los vampiros. De hecho, su aplicación contra la estrige implica su uso contra seres vampíricos antes de la creación de los vampiros. Era una herramienta cuyo uso resultaba tan natural como el crucifijo o el agua bendita. Lo difícil es determinar en qué momento y lugar se atribuyó esta propiedad.
Vampiros modernos: cultura, subcultura y realidades contemporáneas
En pleno siglo XXI, los vampiros continúan habitando nuestro imaginario colectivo, aunque bajo formas muy distintas a las de los revenants que sembraron el pánico en la Europa del siglo XVIII. La figura del vampiro ha sido moldeada y transformada por la literatura y el cine, adquiriendo nuevas facetas que oscilan entre lo romántico y lo ético.
De forma sorprendente, hace unos años surgió una ‘moda vampírica’ que se propagó con rapidez, especialmente en Europa y Estados Unidos. Este fenómeno tiene su origen en los años noventa, cuando el irlandés Mark Rein-Hagen creó Vampiro: La Mascarada, un innovador juego de rol en vivo inspirado en las Crónicas vampíricas de Anne Rice. El juego se convirtió rápidamente en un éxito internacional, atrayendo a un público apasionado que encontró en él una forma de explorar y encarnar el mito del vampiro.
Los jugadores, como en otros juegos de rol en vivo, se vestían y transformaban físicamente para interpretar a sus personajes, llevando la experiencia a un nivel de realismo tal que incluso surgieron especialistas conocidos como fangsmiths, dedicados a fabricar prótesis dentales en forma de colmillos. A mediados de los años noventa, Vampiro: La Mascarada (o V: LM, como lo llaman sus seguidores) alcanzó un estatus de culto entre los miembros del emergente movimiento gótico en Estados Unidos.
En su libro Vampiros. Cuando la realidad supera a la ficción (Ed. Océano, 2008), el periodista francés Laurent Courau, colaborador habitual del canal Arte y otros medios culturales, documentó su inmersión en este submundo. En sus páginas, Courau revela una realidad sorprendente, donde clanes vampíricos conviven con bandas callejeras estadounidenses, música black metal, creencias esotéricas, prácticas sexuales como el sadomasoquismo y performances artísticas. El libro de Laurent Courau explora un mundo insólito y fascinante en torno al mito del vampiro, viajando por ciudades de todo el planeta en busca de las claves de un fenómeno social complejo y profundamente diverso.
En su investigación, Courau se encontró con un abanico de vampiros modernos que desafiaban cualquier categorización sencilla. Algunos se identificaban como satanistas, otros como practicantes de brujería Wicca o seguidores del mago negro Aleister Crowley. Entre sus costumbres, la más llamativa y polémica era, sin duda, la relacionada con el consumo de sangre. Aunque muchos clanes rechazaban esta práctica, otros confesaban llevarla a cabo de manera ritual, siempre con el consentimiento de quien ofrecía su sangre. «Para mí, la sangre es el regalo más puro que se puede ofrecer. Es la fuerza de la vida, la energía vital en su forma más esencial. Cuando alguien comparte su sangre, comparte también sus fuerzas y debilidades (…) Después de este intercambio, ya no estás solo; ambos forman parte de un mismo linaje. Hay diferentes formas de alimentarse: algunos comparten, otros toman.
Referencias históricas y bibliográficas
- BARBER, Paul. Vampires, Burial & Death.
- CALMET, Agustin. Tratado sobre los vampiros.
- COURAU, Laurent. Vampiros. Cuando la realidad supera a la ficción.
- JOSHIN, S. T. y BROWNING, John E. Encyclo...
Antiguamente, era bastante común que los cadáveres se quedaran por días o incluso semanas descomponiéndose antes de que este fuera enterrado. Esta leyenda empezó a cuajar en la población porque apareció en el cine por primera vez en la película El Festín de Sangre (1847), en el cine de terror que hasta ahora ha insistido en esa leyenda.
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