Historia y características de la Parroquia de San Bartolomé de Fontanales

El origen del pueblo de Fontanales, perteneciente al municipio de Moya, está relacionado con el desarrollo de varios cortijos que se encontraban en la comarca, pertenecientes a terratenientes isleños. Uno de los más nombrados era el llamado Cortijo de las Casas, en el que levantó una ermita dedicada al apóstol San Bartolomé, alrededor del cual empezó a crecer el núcleo urbano. La creación de la ermita de San Bartolomé es probablemente de fecha de 1635 por Juan Mateo Trujillo. Se atribuye la construcción de la primera ermita a Juan Mateo Trujillo, un aruquense inmensamente rico y al mismo tiempo generoso, que la mandó edificar en 1635.

Mapa esquemático de Moya y la ubicación de Fontanales en las medianías

Fundación y patronazgo: de la ermita a la parroquia

Haciendo inventario de sus bienes ante el alcalde de Arucas, Francisco Rosales, el 26 de marzo de 1639, tras la muerte de su tercera esposa, se encuentra, entre sus cláusulas, una que dice:"Ytem declara el dicho Juan Mateo que se ha hecho durante su matrimonio de la dicha doña Lucana de Orduña una ermita que llaman de San Bartolomé, la dicha ermita, que costó 400 reales". Después señala una serie de disposiciones relacionadas con el mantenimiento del templo y las misas que se celebrarían en él a lo largo de todo el año. Para conservación y ornamento de la ermita impone un tributo a perpetuidad de 90 reales.

Juan Mateo Trujillo, casado con Úrsula de Rosales y Castro, poseía en Fontanales 400 fanegadas de tierras labradías, que limitaban con la Montaña de la Arena, por el sur, y con la Montaña de Doramas, por el norte. En esa época la mayoría de las tierras agrícolas que había en Fontanales contaban con abundantes fuentes. De ahí el nombre del pueblo. Francisco Caballero Mujica, deán de la catedral de Las Palmas, investigó sobre la historia de Fontanales y la construcción de su primera ermita.

Los primeros patronos y la consolidación del culto

En una escritura otorgada por Mateo Trujillo a su hijo Manuel Álvarez de Godoy, se lee: "Cien fanegadas de tierras labradías poco más o menos que tengo y poseo donde dicen los Jinjos, término de Fontanales, con dos casas bajas terreras y dos gañanías, y una hermita de la abogación de San Bartolomé, dos pomeras de árboles pequeñas que el uno está junto a las dichas casas y el otro junto a la dicha hermita y rededor de ella". En su testamento mandó celebrar misas por su alma a diferentes advocaciones, entre las que aparecen "ocho misas a San Bartolomé". Una cláusula dice: "Mando que de mis bienes se den limosnas a la Yglesia del Señor San Bartolomé de Fontanales doscientos reales, para los ornamentos de dicha hermita de que soy Patrono".

Manuel Álvarez de Godoy, racionero y prebendado de la Catedral del Obispado de Canarias, poeta y gran orador sagrado, fue el segundo patrono de la ermita de Fontanales. En su testamento del 15 de enero de 1691 se lee que poseía cien fanegadas, con unas casas que tenía el cortijo y una ermita, con la advocación a este apóstol, que había heredado de su padre Juan Mateo Trujillo, cuando se ordenó sacerdote. Juan Mateo de Castro, que era hijo de Mateo Trujillo, fue cura de Arucas, a partir de 1660, pero antes lo había sido de la parroquia de Moya.

En esos años estableció que en la ermita de Fontanales se celebrara una función anual en honor de San Bartolomé, y además, impone sobre sus bienes un censo perpetuo para que, en el día de la fiesta, "se abonen los derechos del Curato". Se creaba así un vínculo hereditario a favor de su sobrino Francisco Hidalgo de Quintana, que recibió todos sus bienes y los de su hermano Manuel Álvarez de Godoy. Francisco Hidalgo de Quintana se encargó, a partir del 24 de agosto de 1697, de cumplir todos los compromisos religiosos descritos en la ermita de San Bartolomé.

Infografía cronológica: 1635 construcción de la ermita, 1697 continuidad del patronazgo, 1915 creación de la parroquia

Visitas pastorales, ampliaciones y vida devocional

Los accesos al pueblo en esa época eran bastante difíciles. Por esa causa no se prodigaban las visitas pastorales de los obispos de la diócesis de Canarias a esa zona. De todas formas, sí se sabe que acudían a su ermita los curas de Moya, sobre todo el día del patrono, el 24 de agosto. También existe constancia escrita de que el 24 de junio de 1732 llegó a Fontanales el obispo Pedro Dávila y Cárdenas (1731-1738). Se habla de otra visita pastoral ocurrida el 18 de diciembre de 1786, a cargo del obispo Antonio Martínez de la Plaza.

Baltasar Rodríguez Pulido solicitó permiso para la ampliación de la ermita de Fontanales, porque la población crecía al haber surgido nuevos barrios y caseríos, tras la división de las grandes propiedades agrícolas existentes, los repartos a herederos o a las ventas. En 1808 se presentaron las cuentas que se emplearon en la renovación del templo. Fueron financiadas con las limosnas recaudadas entre el vecindario y visitantes, y debido también a alguna donación generosa de personas pudientes provenientes de otros pueblos.

Desamortización y continuidad del culto

Los efectos de la Desamortización de Mendizábal se dejaron sentir también en Fontanales. Pedro Bravo de Laguna y Huerta era heredero de la mitad de la citado Cortijo de las Casas y era el que llevaba las cargas espirituales de la ermita que abonó desde 1800 a 1809, aunque se asegura que pagaba menos de los que le correspondía. Su viuda, Rosa Falcón, se comprometió a seguir abonándolas hasta 1849. Este año, el nuevo propietario de la finca, un guiense llamado Antonio Gabino González, se negó a pagar dichos cargos, alegando que "pertenecen a la nación", refiriéndose precisamente a esa Desamortización.

A pesar de estos movimientos que tenían que ver con cuestiones económicas, se potenció en esta época el culto y la devoción a San Bartolomé. La nuda propiedad de la ermita y sus alrededores, pasaron al Obispado de Canarias, quedando los herederos obligados a cumplir las cargas espirituales impuestas por sus fundadores. A partir de 1793 se abre una nueva etapa al culto en esta ermita fontanalense.

La imagen titular y el arte sacro

Ubicada en el nicho principal del altar mayor del templo homónimo, la imagen del titular es la de mayor valor artístico e histórico del pueblo de Fontanales. Hacia el año 1800 se encarga una nueva imagen al imaginero José Luján Pérez, artista relacionado familiarmente con el pueblo de Fontanales. En 1800, Luján Pérez hizo la imagen de San Bartolomé que hoy se venera en Fontanales.

El imaginero guiense José Luján Pérez aparece en el escenario fontanalense. Se asegura que hizo su primera comunión en la ermita de San Bartolomé en 1766, cuando tenía 10 años. También dio muestras allí de su vocación artística. Con un cuchillo, que le había regalado un fraile, y un trozo de madera de escobón talló, en el espacio de dos semanas, una efigie parecida a la imagen del apóstol que se encontraba en aquella iglesia. Se supone que la escultura de Fontanales fue donada por Pedro Bravo de Laguna, que era el propietario del Cortijo de las Casas y tenía las cargas espirituales del templo.

El retablo del Calvario

Establecido en la nave de la Epístola, este retablo realizado en madera de samanguila tiene como objetivo entronizar las imágenes del Calvario de la Iglesia, es decir, Nuestra Señora de los Dolores, el Cristo Crucificado y San Juan Evangelista. La composición de la obra está formada por dos planos. El ámbito inferior se resuelve con un banco o predella con aspectos decorativos ejecutados en altorrelieve que representa a los cuatro evangelistas con sus respectivos tetramorfos. El gran vano desarrollado para ser ocupado por las imágenes sirve de antesala para comentar el ático.

Detalle artístico: imagen de San Bartolomé de Luján Pérez y esquema del retablo del Calvario

De la ermita a la parroquia moderna

Este año se cumple el centenario de la parroquia, que fue creada por decreto del obispo Ángel Marquina y Corrales el 10 de octubre de 1915. Su primer párroco fue Juan Díaz Quevedo. Desde entonces se sucedieron como párrocos Mateo Suárez Sarmiento, Juan Díaz Rodríguez, Manuel Rivero Rivero, Nicolás Monzón Sánchez, Fernando García Pérez, Manuel Arencibia Rivero y Roberto Rivero García, actual párroco. Este último fue anteriormente capellán castrense del Ejército del Aire.

En el segundo tercio del siglo diecinueve el patricio Matías Hernández y los vecinos decidieron construir una nueva nave a la ermita y reformar la que ya existía. Las obras fueron concluidas en 1872. También se construyó una plaza en el lado sur de la ermita que acogía a los peregrinos y devotos que llegaban hasta el pueblo. Pero hubo que esperar hasta 1915 para que la ermita se convirtiera en parroquia por decreto del obispo Ángel Marquina.

Gracias al impulso del párroco Juan Díaz Rodríguez, con la ayuda de los habitantes de esta parroquia, de muchos de sus hijos emigrados, y de diversas autoridades, en los años 70 se levantó un nuevo templo que sería inaugurado el 24 de agosto de 1974. La nueva iglesia fue diseñada por el arquitecto José Sánchez Murcia. Al fallecer prematuramente, la obra fue dirigida por el aparejador y pintor Victorio Rodríguez, autor también del mural El bautismo de Jesús en el Jordán, que se encuentra en esta iglesia, según relata Francisco Castellano Rodríguez, cronista de Fontanales, profesor y fundador de la primera asociación de vecinos de Fontanales.

Fiestas y tradiciones

Las fiestas en honor de San Bartolomé es posible que se iniciaran a partir del año 1637. Como era frecuente en otros lugares de la isla donde se veneraban santos o vírgenes, se celebraban romerías, vísperas, sermones, enramadas, arcos de fiestas, promesas, llegadas de grupos de tocadores y cantadores típicos, y se hacían ofrendas de lo que la gente producía o poseía: trigo, millo, lino, berros, ovejas, baifos, etc. Al mismo tiempo se organizaba allí una feria de ganado que se hizo famosa en toda la isla a la que acudían ganaderos y marchantes para realizar sus transacciones e intercambios. En Fontanales se celebra además, en julio, otra fiesta, dedicada a la Virgen del Carmen.

Llegaron los tiempos modernos. Mejoraron los accesos. Se construyeron carreteras y ya podían arribar los romeros más fácilmente desde los pueblos vecinos o de cualquier parte de la Isla. Se ha perdido la costumbre de las grandes caminatas, de las promesas andando, pero, en guaguas o en coches particulares, se produce un desfile continuo de devotos a lo largo del día 24 de agosto.

Fotografía temática: romería y feria de ganado en las fiestas de San Bartolomé

Economía local y dinámica social

La agricultura y la ganadería, que era la principal ocupación de los habitantes de este pueblo, ha decaído en los últimos tiempos. En el siglo XIX y XX muchos fontanalenses se veían obligados a emigrar porque aquí no había riqueza ni comida para todos. Unos se iban a América, principalmente a Cuba, otros a cualquier sitio donde encontraran un trabajo fijo y un hogar. Los que se habían establecido en otros lugares solían llamar a sus parientes y amigos. El efecto llamada daba una oportunidad a los emigrantes de mejorar y progresar en todos los aspectos.

Pero Fontanales no se estancó. Vinieron alcaldes a Moya que se interesaron por el progreso de este pueblo y mejora de sus calles. Gracias al impulso del párroco Juan Díaz Rodríguez, con la ayuda de los habitantes de esta parroquia, de muchos de sus hijos emigrados, y de diversas autoridades, en los años 70 se levantó un nuevo templo que sería inaugurado el 24 de agosto de 1974.

Línea temporal resumida

  • 1635: construcción de la ermita por Juan Mateo Trujillo.
  • 1697: Francisco Hidalgo de Quintana asume compromisos religiosos.
  • 1800: Luján Pérez realiza la imagen de San Bartolomé.
  • 1872: conclusión de ampliaciones y plaza al sur.
  • 1915: creación de la parroquia por decreto episcopal.
  • 1974: inauguración del nuevo templo.
Esquema arquitectónico: planta de la ermita histórica y ampliaciones hasta el templo de 1974

Rectores y continuidad pastoral

Su primer párroco fue Juan Díaz Quevedo. Desde entonces se sucedieron como párrocos Mateo Suárez Sarmiento, Juan Díaz Rodríguez, Manuel Rivero Rivero, Nicolás Monzón Sánchez, Fernando García Pérez, Manuel Arencibia Rivero y Roberto Rivero García, actual párroco. Este último fue anteriormente capellán castrense del Ejército del Aire.

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