Historia y vida de San Virila, abad del monasterio de Leyre

Poco se sabe de la vida de este santo cuyas reliquias se conservan hoy en el monasterio de Leyre, y cuya insólita experiencia mística es para muchos un modelo de oración contemplativa. Hay documentos de principios del siglo XI que atestiguan su presencia en el monasterio, por lo que es difícil dudar de su existencia histórica.

Una antigua tradición sitúa su nacimiento a finales del primer milenio en Tiermas, hoy unas ruinas anegadas por el embalse de Yesa, a poca distancia del monasterio navarro donde Virila sirvió como abad. Virila era el abad del Monasterio de Leyre, uno de los más importantes del Reino de Navarra durante la Edad Media.

La leyenda del sueño de trescientos años

El caso es que un día salió al campo para meditar sobre cómo debía ser la eternidad, y se le pasó el tiempo escuchando el canto de un ruiseñor. Cuenta la leyenda que el Abad del monasterio, Virila, se quedó dormido junto a la fuente escuchando el canto de los pájaros y se despertó...trescientos años después.

Al volver, el hermano portero no le reconoció. «Soy el abad, el abad Virila» dijo, sorprendido. Al final, comentándolo con la comunidad, descubrieron que 300 años antes había existido una abad llamado Virila, del que se perdió la pista de un día para otro. El episodio de éxtasis para San Virila sólo transcurrió durante poco menos de una tarde, mientras que la realidad se había convertido en 300 años; una parte de la eternidad que explicaba las dudas del piadoso fraile y el enigma de cómo pasar toda la vida en el Paraíso.

En un momento en el que se había parado a descansar junto a una fuente, mientras meditaba sobre la vida eterna, el abad escuchó el canto de un ruiseñor que le llamó la atención. Tras despertarse de una larga siesta, Virila volvió al monasterio, pero cuando lo vió era muy diferente. El Monasterio de Leyre era mucho más grande que cuando se había marchado y contaba con zonas anexas que antes no estaban.

El sencillo canto de un pajarillo fue capaz de demostrar el infinito paso durante la serena dulzura de la vida eterna. El abad Virila, sorprendido por el paso del tiempo, apreció que el sendero hacia el convento se encontraba cambiado y que, además, su barba se había vuelto blanca, pero continuó y entró en la recepción del claustro donde se topó con un joven novicio, que no conocía, el cual preguntó al «viejo fraile» quien era.

Tradición, culto y conmemoración

Lo único que se sabe del abad Virila a ciencia cierta es que su firma aparece en un documento que data del año 928 y que el culto a su figura empezó en algún momento del siglo XII, pero siempre en un ámbito local. Aunque existen relatos similares ligados a la orden cisterciense desde la Edad Media, la de Leyre tiene a su favor que el calendario propio del monasterio incluye muy tempranamente a san Virila entre sus santos.

«Para nosotros es un santo de nuestra casa, muy importante, y celebramos cada año su fiesta con mucha devoción. Para él, lo que vivió el santo «fue una gracia especial que experimentaron también otros grandes santos, desde san Pablo hasta santa Teresa de Jesús, pero que de alguna manera todos nosotros también podemos vivir si nos entregamos a la oración y a la contemplación.

Para el jesuita Alex Zatyrka, fundador de la Comunidad de Oración Contemplativa, una experiencia comunitaria de oración extendida por 43 países, san Virila vivió «la apertura de la conciencia humana a la presencia de Dios, prescindiendo de los prejuicios con que filtramos todo, incluyendo al mismo Dios». Orar así supone dejar de lado el habitual protagonismo «del pensamiento discursivo y su manera de procesar datos a través del análisis, de la oposición, de la distinción y conceptualización».

Paralelismos y leyendas similares

Cuentan que en los incontables caminos a Santiago suele repetirse un mito de origen celta, cristianizado, como es la «Leyenda de San Virila», el monje hechizado por el canto de un pájaro, que relata lo que aconteció a este fraile al escuchar y deleitarse con el gorjeo de un petirrojo. Según el lugar, donde se escucha la leyenda, suele ser un ruiseñor, una alondra, un mirlo u otro pájaro, el encargado de «embobar» a cada protagonista de la historia; como al religioso gallego Era, fundador del Monasterio de Armenteira (Pontevedra); el monje bretón Yves o el caballero Camilo de Carvajales del Castillo de los Templarios en Castro Urdiales, como ejemplos de otras muchas leyendas repartidas por todo el mundo.

Todas las historias son similares con variantes en sus matices, pero con una semejanza y paralelismo único. En este caso, nos referiremos al abad San Virila, religioso del Monasterio de Leyre, en el Camino Aragonés, que se une al Francés en Puentelarreina Gares.

El lugar: monasterio, sierra y fuente

Hoy junto con la familia, daremos un paseo para todos los públicos por las inmediaciones del monasterio de Leyre. Primero hemos realizado la visita guiada por esta joya del románico y tras visitar la Iglesia, donde descansan los restos de los primeros monarcas del reino de Navarra, hemos subido hasta la fuente de San Virila, un paseo agradable por la sierra que da nombre a este curioso monasterio.

Monasterio de Leyre: vista desde la sierra

Para llegar a Leyre hay que dirigirse al embalse de Yesa, situado entre Aragón y Navarra. Desde el embalse, el acceso al monasterio en unos pocos kilómetros. Desde el monasterio parte el pequeño pero recomendable paseo hasta la fuente de San Virila. Solo tenemos que seguir las indicaciones y en poco tiempo, a un kilómetro de distancia, llegaremos hasta la fuente donde se echó una buena siesta el abad de Leyre, Virila.

Comenzamos el paseo hasta San Virila. Nos adentramos en la sierra de Leyre. Y vamos ganando altura. Y dejando abajo el monasterio. Subimos por la pista. En esta calurosa mañana. Seguimos las señales. Que se dirigen a la fuente. El camino se asilvestra. Y algún tentador escondite por el camino. Seguimos por esta galeria verde. Mirador natural cerca de la fuente de San Virila. Avanzamos un poco más. Por este divertido camino. Que discurre en su mayor parte por sombra. Llegaremos a la fuente... Y regresamos al monasterio de Leyre... Por el mismo camino. Bonito paseo.

El monasterio y su patrimonio

Visitaremos la curiosa cripta, con más de un milenio de antigüedad y la Iglesia, donde descansan los restos de Eneko Aritza, entre otros. Cofre donde reposan los restos reales de Eneko Aritza. Nos ilustraron con un trocito de la historia de nuestra tierra.

Entrada a la cripta. Cripta en el monasterio de Leyre. Nave monástica (Imagen 11). Ventanales, abajo el de la cripta y arriba la Iglesia. Avanzamos por el pasillo. Placa conmemorativa de los fundadores del reino Navarro. Pórtico de la Iglesia. Las piedras del antiguo monasterio nos hablaban, con su lenguaje abstracto, antiguo y poético. Nos mostraban en el albur de nuestros actos, nuestro rumbo, nuestro destino.

La LUJURIA en la Iglesia de Leyre. Para finalizar nos explican algunas de las figuras que decoran el pórtico de la Iglesia. La nave monástica es magnífica (Imagen 1). de piedra sillar de gran tamaño. a su veteado rojizo. poseen una luz rasgada (Imagen 12). que los superiores, siendo estos de mayor tamaño y amplitud. de sostén al interior de la cripta a través de su nave central.

Cripta y pórtico del monasterio de Leyre

Interpretaciones espirituales

Para nada -responde el monje-. Aunque esos 300 años fueron para él muy poco tiempo, fueron una especie de degustación del cielo, una experiencia muy rica, porque pasar la eternidad junto a Dios es algo que no nos podemos ni imaginar. Lo que vivió san Virila, ¿no fue algo aburrido?

Para el jesuita Alex Zatyrka... san Virila vivió «la apertura de la conciencia humana a la presencia de Dios, prescindiendo de los prejuicios con que filtramos todo, incluyendo al mismo Dios». En realidad, es la misma oración que practicó Jesús, «aunque no tengamos datos concretos en los Evangelios» sobre ella.

Puntos de interés para el visitante

  • Reservar plaza para la visita guiada al monasterio de Leyre.
  • Visitar la cripta milenaria y la iglesia donde descansan restos reales como Eneko Aritza.
  • Realizar el paseo hasta la fuente de San Virila (un kilómetro aproximadamente).
  • Disfrutar de las vistas al embalse de Yesa y del entorno telúrico de la sierra.

LA LEYENDA DEL ABAD VIRILA. Monasterio de Leyre

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