Vida espiritual y confesión de Teresa de Calcuta

Poco se conoce de las experiencias místicas y la relación de la Madre Teresa con Dios. Estas cartas formaron parte del proceso en sí, y una vez que ocurrió esto, ya solo era cuestión de tiempo cuándo serían reveladas- o bien ahora o, digamos, 50 años más tarde, cuando el material de archivo se abriese. Vienen sobre todo del P. Celeste van Exem, su director espiritual en Calcuta durante los años de la inspiración y los siguientes. Gracias a Dios, los jesuitas tuvieron la previsión de salvar esos documentos. El Padre Van Exem le dijo a un jesuita de Calcuta, que le contó a uno de nuestros sacerdotes que el P. Van Exem tenía cinco cajas de materiales. Afortunadamente, tuvieron el sentido de conservarlo, porque revelan una parte muy importante de la santidad propia de la Madre Teresa y un aspecto importante del carisma de las Misioneras de la Caridad.

La llamada del 10 de septiembre y la “inspiración”

El principio, el 10 de septiembre, lo que nosotros llamamos el Día de la Inspiración, creíamos que era cosa de un día, una llamada especial. Pero nos dimos cuenta de que era solo el inicio. La Madre Teresa dejó el convento de Loreto de Entally, Calcuta, la tarde del lunes 9 de septiembre de 1946, para un tiempo de vacaciones y un retiro de ocho días en Darjeeling. La Madre Teresa dejó en herencia, además de la congregación de las Misioneras de la Caridad, el ejemplo de una vida entregada por completo a Jesucristo en los pobres.

La Madre Teresa oyó por primera vez la voz de Jesús en una locución interior durante ese trayecto en tren: en esa primera carta dice lo que pasa: escucha muy clara y distintamente la voz de Jesús, comenzando en el tren el 10 de septiembre. Estas locuciones fueron auditivas, lo que es raro en la vida de los santos. No fueron externas, como una aparición o algo así. Pero acontecen clara y distintamente, sin formar parte de su meditación matutina, por ejemplo. Ella misma lo llamaba “la voz”.

El voto privado de 1942 y su significado

El primero de los “secretos” notables de su corazón se refiere a un extraordinario voto privado que la Madre Teresa hizo en 1942. En 1942, a los 36 años, la Madre Teresa hizo a Dios un voto privado, al tiempo magnánimo y atrevido. Como ella misma explicará, “deseaba dar a Jesús algo muy hermoso”, “algo sin reservas”. Este voto excepcional estaba radicado en la delicadeza de un gran amor y en la necesidad, profundamente sentida, de darse completamente a Dios. El voto de 1942. La Madre Teresa consideraba su voto de 1942 como un vínculo sagrado que la unía a su Divino Esposo. Jesús, por su parte, le tomó la palabra a la Madre Teresa. Varios años después, en 1946, en una serie de visiones y locuciones interiores, Jesús le pidió que fundase una nueva comunidad religiosa dedicada totalmente al servicio de los más pobres de los pobres.

Fundación de las Misioneras de la Caridad y obediencia al llamado

Jesús le pidió que fundase una comunidad religiosa que estaría dedicada al servicio de los más pobres de los pobres y, como la Madre Teresa cita, “saciar su sed de amor y de almas”. Esta experiencia en el tren supuso un giro de ciento ochenta grados en la vida de la Madre Teresa; se refirió siempre a ella como a una “llamada dentro de la llamada”. Desde 1946 hasta su muerte, la Madre Teresa se negó absolutamente a dar ningún detalle sobre la inspiración que había recibido para iniciar las Misioneras de la Caridad o sobre el proceso de discernimiento que había conducido al establecimiento oficial del nuevo Instituto el 7 de octubre de 1950. El silencio de la Madre Teresa reflejaba su reverencia por la sacralidad del don recibido.

Madre Teresa en Calcuta con las Misioneras de la Caridad

La “noche oscura”: cincuenta años de oscuridad espiritual

La Madre Teresa pasó la mayor parte de sus últimos cincuenta años de vida en medio de una profunda crisis espiritual que le llevó a dudar de la existencia de Dios. En este libro se revela su vida interior y la forma en la que Dios la invitó a participar muy de cerca en sus misterios, haciéndola pasar por una gran oscuridad espiritual; no durante un año, durante cinco o diez… sino ¡durante cincuenta años! «El silencio y el vacío son tan grandes que miro pero no veo, escucho pero no oigo, la lengua se mueve (durante la oración) pero no habla», dijo en una carta dirigida a su entonces asesor espiritual, el reverendo Michael van der Peet, en 1980.

La noche oscura aparece bastante poco después de que comience su ministerio. Hasta donde Usted puede saber, pues esto es algo un tanto confuso en Ven, sé mi luz, esto permanece hasta su muerte. Así lo veo. Hay un momento recogido en el libro, en 1958, cuando muere Pío XII y, como seguimos haciendo, el obispo tiene una misa rezando por el eterno descanso de su alma. En esa misa, Madre Teresa pide un signo de que Jesús está conforme con el trabajo de las Misioneras de la Caridad. Y en ese momento, se levanta la oscuridad.

Naturaleza mística de la prueba

La oscuridad interior no es nada nuevo en la tradición de la mística católica. El maestro espiritual empleaba acertadamente este término para designar las dolorosas purificaciones por las que uno atraviesa antes de alcanzar la unión con Dios. Se llevan a cabo en dos fases: la «noche de los sentidos» y la «noche del espíritu». En la primera noche uno es liberado del apego a satisfacciones de los sentidos y es conducido a la oración de contemplación. Mientras que Dios comunica Su luz y amor, el alma, todavía imperfecta, es incapaz de recibirlos y los experimenta como oscuridad, dolor, sequedad y vacío.

En la «noche del espíritu», el alma se siente rechazada y abandonada por Dios; la experiencia puede llegar a ser tan intensa que uno se siente como si se dirigiera a la perdición eterna. Las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad son probadas severamente. Mediante esta dolorosa purificación, el discípulo es guiado hacia el total desapego de las cosas creadas y a un elevado grado de unión con Cristo.

Cómo vivió Teresa su abandono y la fe “ciega”

Su prueba de fe la hacía tener un deseo inmenso (hasta doloroso) de Dios. Muchas veces la espera nos desanima, nos frustra y nos hace dudar. Lo que vivió no fue una crisis de su propia fe, fue una prueba. ¿En qué radica la diferencia? En que su deseo de estar con Jesús siempre fue el mismo. Lo que ella más quería era amar a Jesús y Él quiso mostrarle que la mejor forma de hacerlo era seguir siendo su esposa, pero esposa de un Jesús crucificado. «No puedo decir que estoy distraída, porque mi mente y mi corazón, están continuamente con Dios». Estas palabras expresan que todas estas experiencias no significaron que la Madre Teresa perdiera su fe, sino que permitieron que aumentara por medio de la búsqueda y el deseo.

Tal como Usted lo entiende, estas locuciones fueron auditivas, lo que es raro en la vida de los santos. Tuvieron lugar en la imaginación. No fueron externas, como una aparición o algo así. Pero acontecen clara y distintamente, sin formar parte de su meditación matutina, por ejemplo. Ella misma lo llamaba “la voz”.

Participación en el abandono de los pobres

De modo extraño, hay gente que ha dicho: “¿Quiénes eran su directores espirituales y por qué no le ayudaron más?” No fue hasta 1961, cuando el Padre Neuer le ofrece una sugerencia y le dice: “Esto es el lado espiritual de tu obra”. Eso enciende la bombilla, como dice el propio P. Neuer más tarde. Así, esto le ayudó. Todavía era doloroso y difícil, pero al menos tenía ya tenía algún sentido, asociarse al propio sufrimiento de Jesús, especialmente al sufrimiento interior. La Madre Teresa entró profundamente en esta situación, y comenzó a ver que la oscuridad que estaba atravesando, que la hacía no sentirse amada ni querida, era participar en el abandono que sienten los pobres. Se sentía no querida, abandonada y rechazada... Y probablemente, ayudando a los pobres, creció su fe.

Oración, Eucaristía y confesión en su espiritualidad

Otro de sus públicos secretos es la importancia que concedía a la oración, a la Eucaristía diaria o a la Confesión. Las Misioneras de la Caridad empiezan el día con la Misa, la acción de gracias y un rato de oración y lo culminan con una hora de adoración a Jesús sacramentado. «Sin oración yo no podría trabajar ni media hora». La confesión es un maravilloso don de Dios al que podemos acercarnos manchados de pecado y salir totalmente purificados. El sacerdote reveló que "ella se confesaba regularmente al menos una vez a la semana". "No lo veía como una rutina, sino como importante este encuentro de la misericordia.

La pobreza: material y espiritual

Queremos estar en solidaridad con los materialmente más pobres de los pobres, pero cuando ella vino a Occidente, cada vez más fue diciendo que las mayor pobreza del mundo actual es no ser amado, no ser querido, no ser cuidado. Paradójicamente, estaba tan unida a Jesús que pudo compartir sus más grandes sufrimientos en el Huerto y el sentido de abandono en la cruz, como otros santos. El hambre no es sólo de pan. Es mucho peor el hambre de amor. La soledad se extiende cada vez más en Occidente, y la gran pobreza es no ser querido.

Habiendo fundado su congregación en un país tan pobre como la India, ¿por qué la Madre Teresa ha permitido que sus Hermanas misioneras fuesen a países más desarrollados? A esta objeción respondía que “en los países occidentales existe otra clase de pobreza, la del espíritu, que es mucho peor. La gente ya no cree en Dios, no reza… Está insatisfecha con lo que tiene; le aterra el sufrimiento y esto le lleva a la desesperación. Es una pobreza que cada uno puede intentar remediar.”

Actitud ante el sufrimiento, aborto y dignidad de la vida

Para la Madre Teresa “el sufrimiento en sí mismo no tiene valor alguno”. Lo que cuenta, “el mayor don de que podemos disfrutar es la posibilidad de compartir la Pasión de Cristo”. Nadie discutirá que la Madre Teresa de Calcuta alivió el sufrimiento. Pero también se le ha reprochado que no viera en el sufrimiento algo inútil, sino un filón con una potencial riqueza si se sabe extraerla. Ciertamente, hace falta sentido sobrenatural para decir con la Madre Teresa: “Sufrir no es nada en sí mismo… Pero si lo aceptamos con fe, se nos brinda la oportunidad de compartir la Pasión de Jesús y de demostrarle nuestro amor”.

El mismo deseo de defender la vida la llevó a alinearse contra la proliferación del aborto. “Los niños que aún no han nacido son los más pobres entre los pobres. (…) Yo siempre les digo a los médicos de los hospitales de la India que no maten jamás a un niño. Si nadie lo quiere, me lo quedaré yo”. Acogemos a cualquier niño no deseado y posteriormente le buscamos un hogar para que sea adoptado.

El legado: fidelidad, humildad y servicio

Teresa de Calcuta estaba convencida de que Dios no pretendía de ella el éxito. “Dios sólo exige que le sea fiel. A los ojos de Dios no son los resultados lo que cuenta. Lo importante para él es la fidelidad”. Y también decía: “Yo soy un lápiz en las manos de Dios. El trabajo de las Misioneras de la Caridad ha llegado a los cinco continentes y ha servido para cambiar el modo de tratar a los pobres: “Antes mucha gente hablaba sobre los pobres, pero ahora cada vez más gente está hablando con los pobres. Esta es la gran diferencia. (…) Los pobres deben sentirse queridos y aceptados. Son Jesús para mí.”

Su gran preocupación por los pobres -en atención de los cuales las Misioneras añaden un cuarto voto religioso a los tres tradicionales- no altera en absoluto el orden de la caridad. Ella nunca descartó otros modos de ayudar a los pobres. Pero no quiso que las confundieran a ella y a sus hijas: “Todo lo hacemos por Jesús. Somos, sobre todo, religiosas, no asistentes sociales, maestras, enfermeras o doctoras”.

Modelo para hoy

Para mí, todo esto la eleva a la categoría de uno de los más grandes santos de la historia, porque otros santos hicieron estas grandes obras con los pobres, pero con consolación. Para los que estaban alrededor de ella pensábamos: “No es fácil ser Madre Teresa”, con todos los requerimientos, incluso en un avión la gente se te acerca queriendo hablar, pidiendo un autógrafo o una bendición. Así que pensábamos que, al menos, estaría disfrutando de una vida interior rica que le impulsaba a seguir caminando. Es asombroso. Me gusta lo que dices, que ella es un modelo para hoy. Sabemos que los santos surgen para una época determinada, para los tiempos en los que viven.

La asombrosa vida de la Madre Teresa de Calcuta | Noticias con Francisco Zea

Relación con sus directores espirituales y silencio personal

Tan sagrado era para ella su encuentro con la inspiración que logró ser una persona muy pública y al mismo tiempo, mantener oculta esta experiencia. La Madre se mantuvo en su presión para que destruyese todas esas cosas. La Madre Teresa quiso insistentemente que estos documentos fuesen destruidos, como le solicitó al arzobispo Ferdinand Périer, S.J., en una carta del 30 de marzo de 1957: “Deseo que el trabajo sea solo suyo. Cuando se conozcan los inicios, la gente pensará más en mí y menos en Jesús”. El Arzobispo Périer no escuchó la petición de la Madre Teresa.

El Padre Brian Kolodiejchuk fue el postulador oficial de la causa de canonización de Teresa de Calcuta. Él quiso ofrecer todo lo que tenían acerca de la oscuridad. Uno de los nueve teólogos que leyó la positio sugirió que se publicasen. El archivero de la Provincia de Calcuta usó parte del material en un artículo para Review for Religious, y el P. Neuer también había escrito algo en la revista india Vidyajyoti, usando algunas partes.

Prácticas espirituales y cotidianeidad

En cada una de sus casas, las Misioneras de la Caridad empiezan el día con la Misa, la acción de gracias y un rato de oración y lo culminan con una hora de adoración a Jesús sacramentado. “Siempre empiezo a rezar en silencio, porque es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio: necesitamos escuchar a Dios porque lo que importa no es lo que nosotros le decimos sino lo que Él nos dice y nos transmite”.

Por su parte, la Madre Teresa era muy sencilla, muy atenta a no tener nada en particular, nada extra. A veces, si no sabías cómo era y estabas en el convento, no llamaba la atención de ningún modo, a no ser que te fijases en cómo hacía las cosas pequeñas, como una genuflexión o tomar agua bendita cuando entrabas- las cosas pequeñas en las que podías decir que había un modo especial de hacerlas. Era una santa realista, con los pies en el suelo, muy práctica, muy observadora.

Críticas y controversias

El reproche más frecuente es que sólo se dedicaba a paliar las consecuencias de la pobreza, sin preocuparse de luchar contra las injusticias que la provocan. Para combatir la pobreza, ¿no es más decisivo cambiar las estructuras sociales? Cuando le preguntaban esto, la Madre Teresa no pretendía defender qué era más importante: “Si alguien siente que Dios desea de él la transformación de las estructuras sociales, esa es una cuestión entre él y su Dios. Todos tenemos el deber de servir a Dios allí donde nos sentimos llamados. Yo me siento llamada a ayudar a los individuos, a amar a cada ser humano (…). Si pensase en muchedumbres, no empezaría nunca.”

Otros la criticaban porque se oponía a lo que ellos consideran un medio indispensable para erradicar la pobreza: los anticonceptivos y el aborto. Para la Madre Teresa todas las vidas eran valiosas: por lo mismo que se preocupaba del moribundo abandonado no podía aprobar que se quitara la vida a los niños aún no nacidos, a los que consideraba “los más pobres entre los pobres”.

Testimonio y misión: fidelidad y humildad

La Madre Teresa supo despertar muchos deseos de hacer el bien. Su heroica tarea corre el riesgo de hacer de ella una figura más admirada que imitada. Pero la Madre Teresa supo despertar muchos deseos de hacer el bien. “Amaos los unos a los otros como Jesús os ama. En realidad no tengo nada que añadir al mensaje que nos trajo Jesús. Para poder amar hay que tener el corazón puro. Y para tener un corazón puro hay que rezar. El fruto de la oración es profundizar en la fe, y el fruto de la fe es el amor.”

Su testimonio insiste en la fidelidad y la humildad: “Dios sólo exige que le sea fiel. A los ojos de Dios no son los resultados lo que cuenta. Lo importante para él es la fidelidad”. Ella veía su papel como “un lápiz en las manos de Dios” y pedía sobre todo dar el bien más costoso: nuestro tiempo y la propia vida.

Palabras finales del legado vivo

Cuando la Madre Teresa murió, a la edad de 87 años, era ya muy admirada por su amor generoso y su dedicado servicio a los pobres de todo el mundo. Sin embargo, a causa de su resolución de revelar muy limitadamente lo que ocurría en su interior, la intensidad de su amor por Dios y por las almas uno la podía solamente suponer. Quizás el más importante e inspirador de estos “secretos” de su corazón sea la combinación de voto de entrega, llamada misionera y la larga noche interior, que hacen de su vida un testimonio de fidelidad, humildad y servicio.

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