La Basílica de San Juan de Dios es una joya arquitectónica del barroco andaluz. En 1737, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios inició la construcción de la Basílica en la calle San Juan de Dios, Granada, destinada a albergar los restos del santo. La construcción prosperó gracias a las donaciones de los feligreses, que Fray Alonso de Jesús y Ortega administró y se inauguró el 27 de octubre de 1759.
El título completo con el que fue dedicada la basílica es “Templo de la Purísima Concepción de Nuestra Señora del Sagrado Orden de la Hospitalidad de Nuestro Padre San Juan de Dios”. La idea teológica en torno a la que gira el templo es el Triunfo de la Caridad y del Amor. Éste era el mensaje que San Juan de Dios había dejado, y el lugar que acogiera sus restos debía hacer honor a ese legado del copatrón de la ciudad, que sirvió con su vida a sus hermanos y prójimos. Esta idea se traslada perfectamente al lenguaje barroco de la época, transmitiendo a los visitantes una sensación de ilusionismo y dinamismo que envuelve los sentidos y conmueve.
Autores y cronología
El encargado de dar forma a este proyecto fue José de Bada y Navajas, al que luego se unieron el talento de José Francisco Guerrero, con sus retablos, o las aportaciones escultóricas al Retablo Mayor de Diego Sánchez Sarabia. Comenzaron las obras del templo en el año 1734, para terminar sin interrupción en el 1757, celebrándose la dedicación del templo el día 27 de octubre. Fue construida por iniciativa de Fray Alonso de Jesús y Ortega, que fue superior general de la Orden Hospitalaria por espacio de treinta y tres años consecutivos, con residencia en esta ciudad en el Hospital de San Juan de Dios, anexo a la Basílica y cuna de la Orden y su propiedad hasta la Desamortización de Mendizábal.
Fachada, torres y atrio
Ofrece la fachada un conjunto armónico en sus dos cuerpos de orden corintio y compuesto con un bello contraste de mármoles de Sierra Elvira y jaspes verdes de Sierra Nevada sobre los que destaca el blanco de Macael de las imágenes de los arcángeles S. Rafael y S. Gabriel. Tiene como coronamiento otro altorrelieve que representa al Padre Celestial acariciando al mundo en bendición paternal, labrado por Miguel de Pereda. Aunque no son muy altas, las torres son lo suficiente airosas y esbeltas para mejor enmarcar la fachada. En su primera parte es la fábrica de piedra de Alfacar y en la segunda piedra de Santa Paula, en la que existen dos grandes balcones sobre sendos repisones en volada repisa, coronado por mármoles de Sierra Elvira y jaspes de Cabra, en orden compuesto.
El atrio o cancel está todo él bellamente tallado en pino, nogal, caoba y cedro. Adornado de pedestal, bajas, pilastras y capiteles que sostienen el arquitrabe y friso coronados por la cornisa que recibe el techo en el que campea el escudo de la Orden en bajorrelieve de cedro y caoba.
Planta y configuración interior
La basílica está compuesta por una única nave, de planta de cruz latina y tiene una cúpula sobre el crucero y tiene cuatro capillas laterales. Es el templo de solamente una nave en forma de cruz latina sobre la que se levanta una grandiosa linterna o cúpula. El interior del templo está ricamente decorado con madera policromada, esculturas de santos y con gran predominancia del dorado. Lo que más destaca de esta Basílica es el exceso, y es que es una palabra que define a la perfección su decoración en la que predomina el dorado.
Pintura, escultura y retablos
Frescos de Diego Sánchez Sarabia y de artistas italianos como Corrado Giaquinto y Tomás Ferrer adornan los techos y las capillas laterales. Todas las esculturas, que no son pocas, que podemos ver en este impresionante retablo dorado son obra de Sánchez Sarabia. El magnífico programa iconográfico, desarrollado en todo el templo, culmina en el retablo churrigueresco del altar mayor.
El retablo del Altar Mayor ocupa todo el testero del presbiterio y dentro del estilo churrigueresco no deja de ser atrevido y de singular inspiración. Podemos advertir en él, dos bien definidos cuerpos. Lugar preferente es el centro en el que queda enmarcado el Camarín-Relicario con sus dos grandes puertas de hechura bastante posterior, teniendo a ambos lados las policromas y bien talladas imágenes de S. Joaquín y Sta. Ana, obra de Sánchez Sarabia. Por todo el retablo y en armónica combinación con sus filigranadas tallas hay gran profusión de ángeles con la que quizá se intentó argumentar la existencia de tales criaturas del Señor.
Cúpula y bóvedas
La cúpula se eleva majestuosa y atrevida sobre ocho arcos que arrancan de otros tantos machones, entre los cuales y hacia media altura, hay ocho ángeles tallados que sostienen cada uno una lámpara ricamente repujada. Podemos distinguir el anillo, el cuerpo de luces y la cúpula propiamente dicha. El anillo que descansa sobre los arcos consta de arquitrabe, friso y cornisa con un diámetro de doce varas y media y luce en sus cuatro medios puntos otros tantos escudos con el emblema de la Orden.
El cuerpo de luces es de orden corintio y en sus 16 nichos ocupan su lugar ocho apóstoles que completan el Colegio con los cuatro situados en las boquillas de los machones y son obra del Sr. Vera Moreno; más cuatro simuladas ventanas y cuatro reales con artísticos cristales que ostentan la Purísima Concepción, imitación de la de Alonso Cano, y los escudos de la Basílica, de la Orden Hospitalaria y de la Provincia de Castilla que las donó. La cúpula o media naranja que se asienta sobre el cuerpo de luces descrito está compartida en 16 cinchos que arrancan de los vivos de las pilastras, en cuyos intermedios se destacan otras tantas figuras al óleo de santos fundadores de Órdenes Religiosas.
Capillas y piezas destacadas
En la nave hay que admirar, a la derecha, la capilla dedicada a San José, talla de Diego Sánchez Sarabia. La Capilla de San Rafael recibe el nombre de la imagen del Arcángel San Rafael que la preside y la Capilla de San Juan de Dios destaca por la talla del Santo repleta de simbolismo. También merecen atención la Capilla de Nuestra Señora de Belén, la Capilla de San Miguel, la Capilla del Cristo de las Penas y otras capillas laterales cuyas bóvedas fueron pintadas por Tomás Ferrer y cuyas pinturas y lienzos son obra de artistas como Conrado Guiaquinto.
La sacristía y espacios anexos
La Sacristía está dividida en 3 cuerpos y coronadas por otras tantas bóvedas decoradas al óleo por el Sr. Sánchez Sarabia, siendo el motivo la creación de la primera pareja humana. Entre los lienzos resalta en el testero del cuerpo central La Inmaculada con San Joaquín y Santa Ana; más dos láminas ovaladas de la Virgen de Belén y San Juan de Dios, de Pedro Atanasio Bocanegra. En el centro de este recinto existe una mesa formada por dos columnas de mármol de Sierra Elvira que reciben un gran tablero de mármol de Macael y sirve para preparar los cálices y los útiles de la santa misa.
El camarín: espacio, reliquias y atmósfera
La culminación de la basílica es el camarín, una pequeña capilla tras el altar, que custodia objetos personales de San Juan de Dios. El Camarín, una estancia que nos dejará sin palabras y es que no hay otra palabra para definir este cuarto que dorado. Lo impregna todo y se utiliza para recubrir todas y cada una de las paredes, columnas y demás decoraciones claramente barrocas que lo componen. En el camarín se ubica el trono en el que se encuentran las reliquias de San Juan de Dios, entre las que destacan el crucifijo que sostuvo el santo en sus manos al morir, una corona de espinas y un diente de San Lorenzo.
Una urna de plata sólida exhibe la cruz de madera del santo, muelas y otras reliquias para la veneración. Dentro del altar encontramos también la urna dónde se guarda el cofre que alberga los restos de San Juan de Dios. En la sala contigua al camarín destacan los lienzos de la Visitación y Asunción de Nuestra Señora, de Sánchez Sarabia, la Piedad de Francisco de Lendines y la Aparición de María a San Juan de Dios entregándole al Niño Jesús en Guadalupe.
El interior del camarín y de la parte superior de la basílica está ricamente decorado con figuras de ángeles y pinturas sobre la vida del santo. Tras subir una escalera de cuatro tramos, se llega a la tribuna del presbiterio, donde resaltan los entrepaños de cerámica sevillana divididos por pilastras de jaspe rosa de la Sierra de Cabra y mármol negro de Sierra Nevada.

Historia del culto y traslados
La muerte de San Juan de Dios ocurrió el 8 de marzo de 1550 en la Casa-palacio de la familia Pisa, actual Museo y Archivo de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Su entierro fue multitudinario, dejando así una huella muy profunda en el sentimiento general de todos. Allí, en la cripta de la capilla privada de la familia Pisa quedó el ataúd de Juan de Dios, convirtiéndose en uno de los puntos de peregrinación más importantes de la ciudad de Granada durante los siglos XVI y XVII.
Por ese motivo, los frailes se negaron durante mucho tiempo a devolver los restos mortales de Juan de Dios a los hermanos de la Orden Hospitalaria, quienes tuvieron que interponer un pleito para poder lograr retirar el ataúd del convento de la Victoria. El traslado al Hospital de Juan de Dios fue en el año 1664.
Reconocimientos y estado actual
Elevada a la categoría de Basílica por Benedicto XV, mediante la Bula: Extrat. Granatae en 1916 - 20 de diciembre. La Basílica se convirtió en Basílica desde 1916 y alberga en su interior valiosas obras de arte: Bernardo de Mora, José Risueño, Atanasio Bocanegra. Conocer la historia de la Basílica y disfrutar de su valioso contenido artístico es un privilegio que no te puedes perder.
Visitas y recomendaciones
La parte más interesante de visitar la basílica es ver los restos de San Juan de Dios. Desde Buendía os recomendamos visitar esta maravilla del arte barroco que os impresionará sin duda. Camarín. Pisos superiores. DURACIÓN: 2 horas. PRECIO: 26€ (19€ + 7€ de la entrada al monumento). PUNTO DE ENCUENTRO: Delante de la fachada del templo. GRUPOS LIMITADOS. FORMA DE PAGO: Bizum o efectivo el día de la visita. Dificultad baja (subida de escaleras).