La resurrección de Jesucristo es el evento central y fundamental de la fe cristiana. Como cristianos, nuestra esperanza y nuestra misión están profundamente ancladas en este acontecimiento, que transforma la historia y la existencia humana. Una pregunta que despierta interés teológico y espiritual es: ¿cuál fue la primera palabra que pronunció Jesús tras resucitar?
El encuentro de María Magdalena con Jesús resucitado
Este relato se encuentra en el Evangelio de Juan (20, 11-18), donde se describe cómo María Magdalena fue la primera persona en descubrir la tumba vacía y la primera en encontrarse con Jesús resucitado. Ella estaba llorando fuera del sepulcro cuando vio a dos ángeles vestidos de blanco que le preguntaron: "Mujer, ¿por qué lloras?"
Después, Jesús mismo le hace esta misma pregunta a María Magdalena: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Estas fueron sus primeras palabras manifestadas después de la resurrección. Jesús sabía las respuestas pero deseaba oír la voz de María. Al reconocerlo cuando la llama por su nombre: "¡María!", ella responde con la aclamación: "¡Rabuni!" (que significa Maestro).

Jesús le encarga que informe a los discípulos sobre su resurrección y les anuncie: "Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; mi Dios, que es Dios de ustedes". Este hecho destaca la importancia de María Magdalena como la primera testigo y mensajera de la resurrección.
La misión de los encuentros iniciales de Jesús resucitado
Tras su resurrección, Jesús pronuncia varias palabras significativas dirigidas a diferentes personas, como su Madre Santísima, los apóstoles y discípulos. Uno de sus saludos frecuentes es "La paz esté con ustedes" (Lucas 24, 35-48; Juan 20, 19-31), un mensaje fundamental que resume su obra de reconciliación y esperanza.
En el camino a Emaús, Jesús pregunta a dos discípulos: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?" (Lucas 24, 13-35), y luego les explica cómo las Escrituras profetizaron su pasión y resurrección, recordándoles la necesaria redención mediante el sufrimiento del Mesías.
También a Tomás, quien dudaba, Jesús le ofrece una invitación a la fe palpable: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado, y no sigas dudando, sino cree" (Juan 20, 19-31), demostrando su realidad física después de la resurrección.
Este conjunto de encuentros testimonia la intención de Jesús resucitado de fortalecer la fe, transformar la incredulidad, y enviar a sus seguidores a predicar el Evangelio como misión primordial: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura" (Marcos 16, 9-15).
Las Primeras Apariciones de Jesús Resucitado - MARIA MAGDALENA - HNO. SALVADOR GOMEZ
El mensaje de Jesús resucitado: esperanza y misión
La primera palabra de Jesús resucitado, la pregunta a María Magdalena: "¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?", no solo revela su humanidad profunda y cercana, sino que también simboliza la atención al dolor humano y la invitación a la esperanza. Jesús rescata esa tristeza y llama a abrir el corazón al encuentro con Él.
Este gesto de Jesús apunta a todos los cristianos para confiar en Él, compartir con Él las propias angustias y encontrar en su resurrección la verdadera vida y la paz que el mundo no puede dar. Es un llamado al amor, a la misericordia, y a la realización de la voluntad del Padre, cuyo plan de salvación se despliega en la Redención y la Resurrección.
Jesús, el agua viva que sacia la sed espiritual
La sed expresada en la Pasión y Resurrección de Cristo simboliza la sed que tiene el mundo de amor, justicia, y verdad. En Juan 7,37, Jesús dice: "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba". Solo Él puede saciar esa sed de vida y esperanza.
Como la samaritana pidió el agua viva para no tener más sed, nosotros también somos llamados a pedir y compartir esta agua viva que Jesús nos ofrece, para llenar nuestro corazón y el de los demás sin que nuestros pozos se sequen.

Reflexión final sobre la llamada a cumplir la misión
Tras mencionar la primera palabra de Jesús resucitado, el texto también invita a reflexionar sobre nuestra misión personal. Jesús dijo: "He cumplido todo lo que tenía que hacer", y ahora cada uno de nosotros debe descubrir cuál es la voluntad del Padre en su vida y tener la valentía y esperanza para cumplirla.
Este compromiso se arraiga en la confianza de que Dios capacita a quienes llama y que la fe es la virtud que nos mantiene firmes en la esperanza, aún frente a dificultades y pruebas.
En esta línea, la oración final es un pedido para recibir fortaleza espiritual y la capacidad para seguir el camino que Dios nos ha encomendado, confiando en que, como Jesús, nunca estamos solos ni abandonados.
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