El retablo de San Miguel de Valladolid es de tipo romanista, como corresponde al primer barroco del siglo XVII, y su factura se atribuye a Adrián Álvarez, aunque varias de sus tallas fueron sustituidas por otras de Gregorio Fernández. En él se unen dos, el que estaba en esta iglesia de San Ignacio de Loyola y el que trajeron de la iglesia de San Miguel, cuando se unieron estas parroquias.
Contexto histórico y autoría
Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, abril de 1576 - Valladolid, 22 de enero de 1636) fue un escultor español del Barroco, máximo exponente de la escuela castellana de escultura. La colección más importante de su obra se encuentra en el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid. Probablemente hijo de un escultor homónimo que vivió en Sarria al menos entre los años 1573 y 1583 y esculpió un San Lázaro para la parroquia del mismo nombre.
Se trasladó a Valladolid hacia 1600 o 1601 con unos 24 años de edad y práctica en el oficio, entrando en el taller de Francisco del Rincón. En 1605 abre su propio taller. Tuvo un gran taller con muchos aprendices y colaboradores. Da preferencia a la mística sobre la estética, buscando transmitir mucho más dolor y sufrimiento que sensualidad. En su obra prima la espiritualidad y el dramatismo, casi siempre recogido, sobre cualquier otro sentimiento.
Ubicación y función del retablo
La arquitectura del retablo es sólida y pura, sin abusos decorativos. Los relieves relatan cuatro momentos de la vida de Jesucristo: la Adoración de los pastores, la Circuncisión, la Resurrección y Pentecostés. En la escultura, destacan las siete tallas de Gregorio Fernández, la seis que ahora ha restaurado la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León y la figura central que representa al arcángel San Miguel, titular del templo, que fue restaurada en una intervención anterior.
En el ático, el Calvario se sitúa entre dos escudos de los Condes de Fuensaldaña, que son los mecenas del templo, rodeados por las figuras de los cuatro evangelistas. Dos retablos, el de San Miguel de Valladolid y el de San Miguel de Vitoria, teían la imagen del santo titular en el centro.

Descripción iconográfica de la imagen del Arcángel
La devoción a San Miguel Arcángel fue una de las más populares durante esta época. La figura central que representa al arcángel San Miguel, titular del templo, fue restaurada en una intervención anterior. La escultura barroca del siglo XVII muestra la figura vencida del demonio a los pies del arcángel, sugestivo movimiento y un aspecto victorioso, colocada sobre el tablero liso de un retablo. Por el Arcángel pueden apreciarse los dientes y barba entrecortada de dos puntas.
La iconografía de San Miguel en la imaginería barroca responde a un esquema triunfante: el arcángel como vencedor del mal, ingrávido y con un movimiento que sugiere la elevación y el triunfo. La figura suele enfatizar el gesto heroico y la autoridad celestial del santo, lo que coincide con la función catequizante y contrarreformista que impulsó la Compañía de Jesús y otros patrocinadores religiosos del momento.
Material y técnica
Está realizado fundamentalmente en madera que se tallaba y los defectos se cubrían mediante el embolado, una mezcla de yeso y telas. La madera posteriormente se policromaba. La policromía tiene gran importancia en la imaginería como aspecto que se pone al servicio del realismo. No fue el escultor quien realizó la pintura sino otros maestros.
El uso de postizos y elementos añadidos para incrementar la verosimilitud -ojos de cristal, dientes de marfil, uñas de asta de ciervo, corcho en las heridas- es un procedimiento habitual en la obra de Gregorio Fernández que refuerza el realismo buscado en estas imágenes devocionales.
Técnica de restauración reciente
Lo primero que han hecho los restauradores que trabajan para la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, es limpiar de manera superficial el conjunto, para eliminar en la mayor medida posible el polvo acumulado con el paso de los años, que recoge la humedad y facilita que se abran grietas. En esa fase se ha aplicado, además, un tratamiento para prevenir la aparición de insectos que dañan la madera.
Para paliar el deterioro de la superficie por el polvo, el humo y la oxidación, los técnicos han eliminado repintes anteriores y ha reintegrado la policromía. La figura central que representa al arcángel San Miguel fue restaurada en una intervención anterior, mientras que seis tallas han sido objeto de la labor de restauración reciente.

Relación con la obra y tipología de Gregorio Fernández
Sus retablos siguen una ordenación clara, de reminiscencias escurialenses, pero ganando protagonismo los relieves y figuras exentas en detrimento del diseño arquitectónico. Las figuras destacan poderosamente del marco, por medio de sus gestos, sus dimensiones o por romper ese mismo marco en ocasiones. Las ricas policromías y los dorados aumentan la sensación de verdad idealizada que transmiten las esculturas de Fernández.
En la escultura de Fernández predomina un realismo patético y verista: su realismo, un tanto recio pero no vulgar ni morboso, se aprecia en la honda expresión de los rostros, en la forma de destacar las partes más significativas y en los elementos que añade (postizos) para aumentar la sensación de autenticidad. Utiliza en ocasiones ojos de cristal, uñas y dientes de marfil, coágulos de sangre simulados con corcho, o gotas de sudor y lágrimas de resina.
Iconografía de santos y pasos procesionales
En el repertorio de santos hay que distinguir los tradicionales y las nuevas canonizaciones. La devoción a San Miguel Arcángel aparece integrada dentro de un conjunto mayor de tallas y relieves que articulan el retablo. Otro aspecto relevante de la producción de Fernández son los pasos procesionales, concebidos como escenas de teatro, llenas de vivacidad y expresión.
Análisis formal: composición, movimiento y expresividad
La imagen del arcángel en el retablo se integra en una puesta en escena que privilegia la corporeidad y el dramatismo. El movimiento del cuerpo, la disposición de los atributos (espada o lanza, escudo) y la colocación del demonio vencido ayudan a transmitir el mensaje de triunfo espiritual. La figura aparece ingrávida y con un gesto de elevación que contrasta con la inmovilidad y derrota de la figura del mal a sus pies.
El tratamiento de los pliegues y la policromía están al servicio del realismo: los pliegues están realizados con modelado profundo que crean efecto de claroscuro y la policromía refuerza la sensación de presencia material y sagrada.
Relaciones documentales y mecenazgo
En el ático del retablo aparecen dos escudos de los Condes de Fuensaldaña, mecenas del templo, y la obra se inscribe en una red de patronazgos nobiliarios y eclesiásticos. Existen documentos como la cédula de Felipe IV del 2 de septiembre de 1635 y varios libros de acuerdos capitulares que ayudan a contextualizar cronológicamente y a confirmar el entorno de producción y patrocinio de la imagen y de otras piezas del retablo.
Importancia devocional y recorrido museístico
La imagen del Arcángel San Miguel responde a la función catequizante de la escultura barroca: despertar la devoción y la piedad de los fieles mediante la emoción y la verosimilitud. La parroquia de San Miguel y San Julián exhibe a la vista de cuantos lo deseen varios bustos relicarios y tallas de principios del siglo XVII surgidos, según se señala, de las manos «del más importante artista que tenía la ciudad»: Gregorio Fernández.

Datos técnicos y ficha resumida
- Epoca: Barroco, siglo XVII.
- Materiales: madera tallada, embolado, policromía, postizos (ojos de cristal, dientes de marfil, corcho en heridas).
- Ubicación: retablo de San Miguel (Valladolid), pieza central del retablo-baldaquino.
- Autoría: atribuida a Gregorio Fernández (sustituciones y colaboraciones en el conjunto del retablo).
- Función: devoción litúrgica, pieza central del retablo y referencia en procesiones y culto.